Es difícil hablar de cómo me siento cuándo no tengo ni la más mínima idea de qué es lo que siento. Es como describir un vacío que no lo es, un silencio que en su constancia se ha vuelto canción. La claridad es un don tan escaso hoy día que, cuando tienes un atisbo de ella, nace la necesidad de escribir torres de páginas con el regalo que ella te brinda. ¿Dónde habrá quedado mi suerte? ¿Cuándo tendré el regalo de ver lo que no puedo querer no poder ver?
Si tan solo fuese dueño de esos minutos, los escurriría en hojas para no olvidar que sí, que yo sí pude ver profundo en la oscuridad que se esconde detrás de mi arquitectura social de todos los días. Sin deseo, sin aspiración... meramente aprendiendo a amarse para entender que las sobras y huesos que te ofrecen no las mereces. Toma coraje aventurarse a tus cantones más salvajes, a verte en lo primitivo.
Se agradece el gesto de piedad, pero la simpatía esta sobrevalorada. Prefiero los picosegundos de ternura que tus milenios de cortesía. Adiós extraño, tú que eres tantos. Al rato te diré hola de nuevo, porque sé que evadirse de tu laberinto es trabajo eterno.
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12/7/13
Soy Luna
Desearía a veces
despejarme de mi piel galvánica
y brillar
no solo porque tú brillas
Te invito a que me desnudes
de tu reflejo
para sentir
el calor dorado de tus rayos
besando la orogénesis
que en mi desencadena
cada una de tus llamaradas.
despejarme de mi piel galvánica
y brillar
no solo porque tú brillas
Te invito a que me desnudes
de tu reflejo
para sentir
el calor dorado de tus rayos
besando la orogénesis
que en mi desencadena
cada una de tus llamaradas.
26/9/12
Aprender a amar a Venezuela
Hoy, al momento que digo esto, quedan solo 11 días para una elección presidencial que será decisiva en la historia que se escribirá en el futuro sobre mi país. 11 días para una elección que espero que, con todo el esfuerzo que el equipo de trabajo al que pertenezco le ha imprimido, de los mejores frutos. 11 días para que comencemos a pasar la página de un capítulo que rompió con nuestro pasado, pero que ya no le ofrece nada bueno a nuestro porvenir.
Y es hoy, leyendo las palabras de tantos amigos, dentro y fuera del país, que me pongo a reflexionar en el por qué yo tomé las decisiones que me han hecho hoy estar aquí sentado, en mi computadora, trabajando para contribuir en la victoria de un candidato presidencial...
Nací en Barquisimeto, en condiciones promedio, nunca fui rico, nunca fui pobre, nunca me faltó nada, nunca viví entre lujos. A los 14 años me gradué de bachiller y me fui a Mérida a tratar de comenzar a estudiar una carrera, lo que terminó en deserción pues estaba demasiado pequeño e inmaduro para afrontar una vida solo. Luego de algunos años, ya más adulto, me vine a la ciudad que he hecho mi hogar, mi Caracas preciosa...
Sin embargo, la vida me dio la fortuna de poder recorrer algo más que las cuatro esquinas de aquellas ciudades. He podido ver como se prepara el cocuy de penca en Siquisique, he comido el pan más delicioso del mundo, que es el que hacen en Aguada Grande. Aprendí a montar caballos en Cubiro. Cada Agosto, mi familia tenía el gusto de llevarnos a Chichiriviche a vivir la magia de Morrocoy y más de una vez se me pusieron los cacheticos rosados por el frío en Mucurubá y Mucuchíes. He caminado por Margarita y Coche, he comido ostras en Marigüitar, he bebido una cerveza fría en Maracaibo y ordeñado vacas en Papelón. He visto la gloria del pico Bolívar nevado, la maravilla del valle del Yaracuy y lo increíble de los colores de la costa de Sucre. Me he revolcado en las arenas de los médanos de Coro, he comido carne en vara en San Carlos y hace poco al fin comí de los famosos shawarmas de Puerto la Cruz.
He tenido la suerte que no muchos aquí han tenido: he visto que Venezuela es un pedacito del cielo en la tierra.
¿Qué como lo sé? pues porque también he tenido la dicha de experimentar el extranjero. Me han maravillado las ciudades foráneas, si, sin embargo, y para decirlo francamente, mi corazón ya se lo robó una tierra hace mucho tiempo. Y siento que lo más valioso de haber vivido en el extranjero es poder mirar atrás y aprender a amar a la patria...
Amor, amor del bueno.
Amor por los colores del cielo cuando es abril en Barquisimeto y las nubes explotan en morados, rojos y amarillos. Amor por el olor del mar Caribe en las noches frescas cuando pega la brisa en Carúpano. Amor por los sonidos de las garzas que cantan antes de dormir en las sabanas cerca de Guanare. Amor por las sonrisas que destapas en la gente con un "buenos días". Amor por el Ávila, que cada mañana me recuerda que la vida es bella aunque sea difícil a veces.
Tantos pasos he dado en esta tierra, tanto kilómetros he recorrido en ella, tantas caras, tantas sonrisas, tantos abrazos, tantos recuerdos mágicos...que me erizan la piel de emoción. Porque es así como se siente el estar enamorado, el saber que te brillan los ojos cuando hablas de ella, el querer que todos sepan todo lo bello de ella. Y yo, estoy perdidamente enamorado de mi Venezuela.
Tuve la oportunidad de ser lo que yo quisiera. Tuve la formación académica para abrirme las puertas que yo me propusiera. Tuve el apoyo para alcanzar los objetivos que me planteara, desde vivir afuera hasta trabajar en alguna empresa...pero hoy, estoy dedicando cada minuto de mi vida a una campaña política, a un sueño de progreso, a una opción de cambio. Muchos me han dicho que no debería apostar el todo por algo que capaz termine siendo solo una quimera...pero siempre respondo que el problema es que mi vida, mi alma y mi todo es Venezuela.
Y ya lo he dicho reiteradamente, mi sueño es dedicarle mi vida a esta tierra. Quiero ser un servidor público para esta gente que sonríe y agradece desde el corazón, para esta gente que pone de lado el egoísmo y no deja abandonado a un vecino. Para la tierra de los verdaderos buenos amigos, los que son familia tanto como los de la sangre.
En casi 27 años yo aprendí a amar a Venezuela. Yo elegí este camino para trabajar por ella, tal como tantos otros eligieron sus propias trincheras: desde la empresa privada, desde la academia, desde otros países siendo embajadores de nuestra cultura y nuestra alegría. Pero sea cual sea, lo mejor de ser venezolano es saber que este pedacito de Sudamérica, estos 900mil kilómetros cuadrados de tierra, son un tatuaje en el alma que da placer y orgullo de llevar. Y es saber que cuando un extranjero te pregunta "y, ¿cómo es tu país?" el corazón te brilla como mil soles, estallando en alegría de poder compartir con otros el secreto de que el paraíso si existe, y se llama Venezuela.
Te amo, patria bella.
4/5/12
A veces me gusta acallar mi mente...
Tenía más de 6 años sin escribir prosa ni nada lírico. A ver que tal me va.
A veces me gusta acallar mi mente y solo escuchar a Caracas cuando camino por sus calles. Porque la veo directamente y de inmediato siento que me veo reflejado en ella. En sus bordes gruesos y ásperos, en sus límites indefinidos y absurdos. En su dicotomía estúpida pero ya cotidiana. En la belleza de sus formas, logro ver la misma de mi alma. Es la inevitabilidad de lo feo y de lo que es vergonzoso obligado a colindar eternamente con lo hermoso y lo que es sublime. Por eso me gusta acallar mi mente y solo escuchar, para sentir que la acera por la que transito no es más que un axón de mis propias vías expresas. La ciudad es toda avenidas neurálgicas repletas de enfermedades urbanas: del tráfico neurótico, de la paranoia delictiva. Montañas de basura se acumulan en varias intersecciones sinápticas, ahogando los pensamientos llanos y sencillos, convirtiéndolos en monstruosos y mezquinos. En ciudadanos no ciudadanos en su propia ciudad. A veces me gusta acallar mi mente y solo escuchar, porque así no me siento solo, me siento como una extensión minúscula de mi ciudad.
04/05/12
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